
El paisaje urbano es una construcción colectiva, en la que intervienen múltiples actores de diversos ámbitos y con intereses y posibilidades variadas. Los barrios marginales programados son paisajes ajenos a sus propios habitantes, productos diseñados por profesionales sin contacto con los destinatarios, modelos ajenos a programas de co-gestión y consulta popular.
Esta estrategia de diseño puede derivar en la falta de aceptación o la no pertenencia de los propios actores del hábitat a esos paisajes prototipicos de gabinete profesional, que no tienen en cuenta las particularidades de cada grupo. Esta problemática se hace visible en acciones negativas (degradación, vandalismo, etc.), por falta de identidad. Sumado a estas acciones negativas se evidencian otras de signo opuesto que pugnan por la construcción del propio paisaje urbano, prácticas que pretenden remediar la ausencia de pertenencia, realizando transformaciones sobre ese paisaje original entregado, como apropiaciones espontáneas de carácter informal.
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